Ni siquiera se podría decir que me vendí barato. No. Me regalé.
Tomé todo lo que me quedaba, sólo dejé atrás esos trocitos imposibles de volver a pegar. Lo tomé todo, todo lo que pude rescatar, esos ojitos enamorados, mi sonrisa rota, ese rayito de sol que logré robarle a la alegría cuando ella decidió escaparse junto con mi alma.
¿Sabes que es lo extraño? Que aun tengo alma, rota, pero alma al fin.
Me regalé. Tomé mis sueños ya sin color y esas ilusiones tontas… (me convencí de que lo eran).
Me regalé. Puse todo en una bolsita, cabía en mis manos, me di cuenta de lo poco que quedaba de mí. La miré con tristeza, me miré con tristeza… “¿Cómo pude hacerme esto?”.
La marea fue inclemente, el viento resopló sobre mis principios, la tierra se movió bajo mis pies, sin respiro. Podría haber resistido, podría haberlo hecho, pero decidí rendirme, lo decidí. Decidí ayudar a botar una por una las piedras de mi construcción.
Mi bolsita la escondí, la escondí. A ella me aferro por las noches. Con ella lloro entre mis manos.
Me regalé.
Si supieras que tienes mis ruinas…
